La dermatomicosis es una enfermedad infecciosa y contagiosa de la piel producidas por la presencia de varios tipos de hongos parasitario patógenos. Se trata de una infección muy habitual en verano, ya que se reúnen las condiciones ambientales de aumento de temperatura y humedad que facilitan la proliferación de estos microorganismos, unido a que durante el verano es habitual estar en contacto directo y frecuente con estos hongos en lugares públicos como piscinas, instalaciones deportivas y zonas al aire libre.

Los hongos son microorganismos que no pertenecen al reino vegetal ni al animal. Se caracterizan por no poseer clorofila, diferenciándose así de las plantas. Como no pueden obtener energía mediante la fotosíntesis, están obligados a parasitar plantas y/o animales. La mayoría de los hongos son son saprófitos, es decir, viven en un huésped sin causarle ninguna infección.

Pero en algunas ocasiones, especialmente si las condiciones ambientales son las apropiadas, se comportan como patógenos produciendo enfermedades en la piel denominadas micosis cutáneas. Estas micosis producidas por hongos pueden aparecer en cualquier parte de la piel e incluso afectar al cuero cabelludo.

Las infecciones cutáneas causadas por hongos más frecuentes son la dermatomicosis o micosis superficiales. Se localizan en las capas más superficiales de la piel y en cabello, uñas y membranas mucosas, en cualquier parte del cuerpo.

Las dermatomicosis se pueden transmitir de manera directa entre persona y persona o indirecta a través de objetos contaminados como gorras, pañuelos, cepillos, peines, ropa, calzado, o superficies contaminadas en piscinas, saunas, gimnasios o duchas. El calor del verano, ambientes con abundante agua y humedad, y una mala higiene favorecen la presencia de estos hongos y el desarrollo de la infección.

Las dermatomicosis o tiñas se se manifiestan en forma de lesiones cutáneas redondeadas u ovaladas, generalmente enrojecidas que se descaman. La piel suele estar seca y se descama con facilidad, presentando picor en la piel y cuero cabelludo e incluso fragilidad en el cabello.

Estas infecciones por hongos se presentan en cualquier parte del cuerpo, clasificándolas en la tiña de la cabeza o de la barba, la tiña del cuerpo, la tiña de la ingle, la tiña de la mano o la tiña del pie. De todas estas dermatomicosis, la más frecuente es la tiña del pie, conocida popularmente como “pie de atleta”.

Pie de atleta

Se trata de una infección por hongos que afecta a los pies, principalmente a los espacios interdigitales, aunque en muchos casos el hongo también está presente en la planta y bordes laterales del pie.

El “pie de atleta” es una infección muy contagiosa producida especialmente por especies antropofílicas de dermatofitos de los géneros Epidermophyton flocossum, Trychophytum rubrum y T. mentagrophytes.

La infección se adquiere de forma indirecta a través de objetos contaminados de uso personal como toallas, zapatos, calcetines, etc., especialmente en lugares de uso público contaminados como piscinas, duchas públicas, vestuarios, etc. Por este motivo afecta frecuentemente a jóvenes deportistas. En verano, debido a las condiciones ambientales de calor y humedad, es cuando más atención hay que prestar para no coger una infección de pie de atleta.

Esta infección provoca un picor intenso entre los dedos de los pies, en especial por la noche, y una sensación de quemazón. Afecta especialmente al cuarto espacio interdigital y a los pliegues de flexión del pie apareciendo a medida que la infección se desarrolla lesiones en forma de placas maceradas, blanquecinas y blandas que se descaman, acompañadas de fisuras dolorosas especialmente al andar, picor intenso y sensación de quemazón. Poco a poco la piel del pie afectada comienza a descamarse, adquiriendo un tacto húmedo y desprendiendo mal olor. Las lesiones pueden extenderse a los pulpejos de los dedos, zona anterior de la planta y dorso del pie.

El aumento de las condiciones de temperatura y humedad que acompañan al verano facilitan el desarrollo de la infección, por lo que la prevención es fundamental para evitar la infección por hongos:

  • Mantener buenas condiciones higiénicas en los pies.
  • Secar bien los pies con una toalla específica después de la ducha.
  • Evitar el calzado muy cerrado y el calzado de goma, especialmente en verano.
  • Ventilar el pie de forma periódica, manteniendo una buena higiene.
  • No andar descalzo en zonas húmedas comunitarias como piscinas o gimnasios.
  • No compartir calzado, calcetines o toallas para evitar contagios.
  • Tratar la infección lo antes posible no dejando que se extienda o se complique, acudiendo al especialista cuando se padezcan los primeros síntomas.

En cuanto al tratamiento farmacológico, existen gran variedad de productos antifúngicos de uso tópico, siendo los más utilizados los derivados azólicos creados a partir de clotrimazol. El médico especialista deberá ser quien recomendará el tratamiento adecuado.