La metatarsalgia es una lesión que afecta a la planta del pie cerca del inicio de los dedos, concretamente a los huesos metatarsianos, dando lugar a un fuerte dolor e incluso hacer que la persona cojee y no pueda caminar. Se trata de un problema muy frecuente, especialmente en mujeres y deportistas, siendo el metatarsiano del segundo dedo el más afectado.

¿Qué produce una metatarsalgia?

El pie lo podemos dividir en 2 zonas, la parte proximal o retropie, la parte posterior que incluye el talón y el tobillo, y la parte distal o antepie, la parte delantera que termina con cinco huesos largos llamados metatarsianos donde se unen las falanges para formar los dedos del pie.

metatarsianos huesos del pieEstos metatarsianos son los encargados de soportar el peso del cuerpo para realizar el despegue del pie del suelo por lo que reciben mucha carga y presión al realizar un paso. Este aumento de presión constante y repetitiva puede acabar produciendo dolor e inflamación que empeora al caminar. Este dolor es lo que se conoce como metatarsalgia, y puede ir acompañado de otras patologías del pie como hallux valgus, dedos en martillo o en el pie plano.

Dentro de la gran variedad de causas que pueden producir metatarsalgias podemos diferenciar:

Marcha y Biomecánica

Las alteraciones en la pisada provocan un desequilibrio en la distribución de las cargas en el pie con el consiguiente sufrimiento de la zona metatarsiana. Este desequilibrio es a su vez consecuencia del dolor que sufre el paciente en la fase de la marcha, que tiende a modificar o compensar la marcha. Es una de las causas más comunes, especialmente en deportistas. La metatarsalgia por sobrecarga es un problema frecuente en corredores así como en deportes que implican saltos tales como fútbol, béisbol, baloncesto. El tipo de suelo sobre el que se camina o corre también puede ser una causa de metatarsalgias.

Morfología del pie

La presencia de patologías y deformidades en el pie como por ejemplo el pie cavo, dedos de garra, juanetes, hallux valgus o dedo en martillo pueden provocan a su vez dolor en la zona anterior del pie, inflamándose las cabezas de los metatarsianos. Estas patologías producen alteraciones del correcto apoyo del pie en el suelo, como por ejemplo en aquellos pacientes con el pie cavo que tienen una menor superficie de apoyo.

Calzado inadecuado

Otra causa muy habitual es el calzado inadecuado. El tacón alto es uno de los mayores motivos de este dolor, ya que la altura del tacón multiplica el apoyo del peso en la zona anterior del pie, además de alterar la mecánica de las articulaciones metatarso-falangicas. Los calzados muy estrechos, especialmente en las punteras, poco elásticos, demasiado duros o con suelas delgadas y de poca amortiguación son también causas de metatarsalgias, ya que ejercen presión en los nervios de los metatarsianos. Estos tipos de calzado suelen ser las del calzado de mujer, así que por eso ellas son las que más metatarsalgias acusan.

Otras enfermedades y condiciones

Enfermedades como la diabetes, enfermedades reumáticas como la gota o la artritis reumatoide, enfermedades vasculares o infecciones del pie como la artritis séptica pueden estar asociadas a la metatarsalgia. Los pacientes de edad avanzada que sufren de desgaste en el tejido del pie o fracturas de los metatarsianos mal tratadas también pueden influir en una incorrecta pisada que acabe causando una metatarsalgia.

La deshidratación influye en la pérdida de la elasticidad del tejido adiposo que se encuentra en el arco del pie y actúa como amortiguador durante la deambulación. Esta falta de elasticidad en el pie produce más presión en los las cabezas de los metatarsianos al apoyar el pie, provocando inflamación y dolor.

Finalmente, cabe destacar los problemas de obesidad y sobrepeso, que hace que las probabilidades de tener una metatarsalgia se disparen en comparación con las de una persona en su peso ideal, ya que ejercen mucha más presión en la zona de los metatarsianos.

¿Cómo sabemos si tenemos una metatarsalgia?

Todas estas alteraciones y condiciones, tanto de la pisada como de propio pie o calzado, van a condicionar el correcto apoyo y distribución del peso sobre el pie dando lugar que los metatarsianos sufran, se inflamen y duela. Ese intenso dolor o metatarsalgia en la zona antepie puede confundirse con artritis o fascitis plantar. Los síntomas suelen empeorar al caminar o después de muchas horas de pie, pero cuando se está en reposo por lo general no duele. Además, este fuerte dolor en el pie al caminar provoca que el paciente trate de caminar de forma incorrecta para evitar el dolor, y esta alteración de la pisada a largo plazo puede hacer que aparezcan otros síntomas como dolor de espalda.

Para un diagnóstico correcto es fundamental acudir un podólogo para metatarsalgia donde revisará el historial médico, los síntomas que muestra el paciente y los signos y factores de riesgo que pueden causa de una metatarsalgia. Las pruebas más habituales son:

  • Una radiografía del pie para poner de relieve la anatomía o la biomecánica del pie.
  • Una ecografía del pie para observar los tejidos blandos.
  • Un estudio biomecánico de la pisada sobre un baropodómetro, una plataforma conectada a un ordenador que mide la distribución de la carga en las plantas de los pies.

A partir de estos datos es posible analizar la biomecánica del pie y un posible desequilibrio al apoyar el peso en la marcha, para así sugerir un tratamiento adecuado para la metatarsalgia.

¿Cómo se trata una metatarsalgia?

Como hemos visto, es necesaria una evaluación del pie para valorar el tratamiento más adecuado para tratar la metatarsalgia.

Dependiendo de su causa, se aconseja un cambio de calzado, bajar de peso, eliminar durezas en el pie o el uso de plantillas personalizadas para eliminar los puntos de presión máxima. Para un correcto tratamiento ortopédico con plantillas se recomienda realizar un estudio biomecánico de la pisada.

Para eliminar el dolor se recomienda un tratamiento de fisioterapia, con ejercicios como:

  • automasaje del pie con una pelota,
  • automasaje y separación de los dedos del pie,
  • ensanchamiento del arco anterior del pie,
  • estiramiento de gemelos y soleo,
  • estiramiento de la musculatura anterior del pie y tobillo o
  • automasaje y movilización global del pie.

En las fases de dolor más agudas con presencia de inflamación muchas veces es suficiente con una terapia farmacológica con antiinflamatorios no esteroideos. La infiltración con ácido hialurónico también se emplea para aliviar el dolor y reducir la inflamación.

En las metatarsalgias producidas por una deformidad del pie puede ser aconsejable un tratamiento quirúrgico que trate de restaurar la biomecánica ideal del antepie.

  • Cirugía abierta: Consiste en la práctica de osteotomías de acortamiento y/o elevación de los metatarsianos mediante una cirugía abierta, colocándolos y fijándolos en la situación que se considera óptima.
  • Cirugía percutánea: Se trata de corregir la deformidad del pie mediante incisiones de aproximadamente 3 mm sobre el hueso y los tejidos blandos. Con este tratamiento mínimamente invasivo se corrige la deformidad causante del dolor. Aunque es menor dolorosa que una cirugía abierta, se requiere un largo periodo de tiempo para conseguir la consolidación ósea.